De
todas las preguntas que me hacen los padres la que más se repite es: “¿Cómo
evito para que mi hijo(a) haga eso?”. Desde pequeños fuimos criados en una
cultura de la prohibición, del “eso no se hace” y así vamos reproduciendo esa
pauta en nuestros hijos. La angustia de los padres en el consultorio es que los
hijos “dejen de hacer” tal o cual conducta, que “no hagan” eso que a la maestra
le incomoda. Y yo les devuelvo la pregunta: “¿Qué sí pueden hacer sus hijos?”
Una
de las cosas en las que más insisto es en la función preventiva de la
psicología. En medicina hay un dicho que dice: “la mejor medicina es la que
previene”, en psicología aplica la misma afirmación, la mejor psicología es la
que busca enseñar comportamientos adecuados y disminuir conductas de riesgo. En
el caso de las intervenciones con niños, el objetivo es enseñar, reforzar, no
prohibir y castigar. Veamos el siguiente diálogo que, manera de ejemplo, resume
lo que he dicho:
Un
niño se sienta a comer cada mediodía con sus padres, pero apenas pasan 5
minutos, comienza a comer con las manos, esto ha pasado por más de 2 meses, la
madre en una sesión, con una voz angustiada me dice: “No quiero que coma con
las manos”.
Y yo
le pregunto: “¿Qué espera usted que él haga, qué quiere?”
Ella
abre los ojos, como queriéndome insultar por no comprender lo obvio de la
respuesta: “¡Quiero que coma con los cubiertos, que use la cuchara!”.
Yo,
tranquilo le digo: “¿Por qué no comenzó por ahí?”
A
esta y a muchas madres, padres, abuelos, tíos, hermanos, docentes y cuidadores
les explico que siempre deben preocuparse por enseñar al niño las conductas
adecuadas, cuando se plantean esto como meta, por sí solas muchas de las
conductas indeseables desaparecen por sí solas, el niño necesita alternativas
de comportamiento, está aprendiendo del mundo y nosotros, en vez de prohibir,
debemos dar opciones, eso es libertad y educación.
La
invitación es entonces a cambiar el no por una opción, por un sí. A
cambiar los “no corras, no comas con las manos, no te levantes, no grites,
etc.”, por “camina, usa los cubiertos, siéntate, habla en voz baja”. En la
terapia conductual lo que hacemos los psicólogos es precisamente enseñar a los
adultos a cambiar esa mente condicionada bajo un modelo de educación punitiva a
otro más abierto de orientación y aprendizaje de nuevas conductas, siempre con
el uso adecuado de estrategias como el reforzamiento, la sobrecorreción y el
modelaje. De esta manera, podemos convertir un problema de conducta en una
oportunidad para enseñar positivamente. Así que la próxima vez que vaya al
psicólogo pregúntele: “¿Cómo enseño a mi hijo a…?”, en vez de “¿Cómo lo castigo
por…? O ¿Cómo evito que…?”.