Uno
de los “castigos” preferidos de los padres y docentes es el uso del tiempo fuera, esa estrategia que los maestros
muy creativamente han llamado “la silla de pensar o de reflexión” y que algunos
padres llaman “el rincón de castigo”. Esta es una estrategia efectiva, pero mal
utilizada puede convertirse en un arma de doble filo para los adultos,
generando mayores problemas tales como el oposicionismo o el negativismo en los
niños.
En Internet se pueden
conseguir múltiples explicaciones, desde las más científicas hasta las más
populares sobre el uso del tiempo fuera,
pero aquí quiero plantear los resultados de mi experiencia en la práctica con
fundamento en lo que dice la teoría.
Para comprenderlo
mejor, debemos entender el tiempo fuera como una estrategia para retirar al
niño de una situación que lo está reforzando (por ejemplo, al momento de comer,
la hermana más pequeña se ríe cuando el niño come con las manos, como no
podemos retirar a la niña, retiramos al niño de la situación; otra forma es el
caso contrario, retirar a la niña y el niño permanece, a esto último se le
llama tiempo fuera parcial). En ambos casos estamos retirando el reforzador (la
hermana) de la presencia del niño, para que elimine su conducta inadecuada de
comer con las manos.
El tiempo fuera solo debe
usarse para eliminar el reforzar de la presencia de la persona que está
emitiendo una conducta inadecuada y que es reforzada por ese estímulo (persona,
objeto, animal). Entonces ¿cuál es el error de padres y docentes? Entender que
el tiempo fuera es un castigo por sí solo, que estar sentados o parados en un
rincón es un castigo porque el niño aislado “sentirá mal” y recapacitará. Esto
es más falso que cierto ¿por qué? Porque en efecto estar aislado en un rincón
mientras otros siguen con su vida, genera cierta carga de incomodidad, pero si
se aplica muy seguido esa incomodidad ya no será tal lo que hará que esa parte
pequeña que lo hace un castigo se pierda. Por otra parte, si aún aislado el
niño aún puede estar en presencia del reforzador de su mal comportamiento, entonces no es un tiempo
fuera. Lo que hace de esta estrategia un castigo es que al niño se le retire el
reforzador, moviendo el reforzador fuera de su presencia o moviendo al niño
lejos de su alcance.
¿Cómo puede afectar a
los adultos la aplicación inadecuada de un tiempo fuera? En primer lugar,
llegado un tiempo de aplicar el tiempo fuera de manera errada, este perderá su
efecto y el niño lo utilizará para evitar una tarea. En
segundo lugar, puede generar conductas adversas como oposicionismo o
negativismo que puede hacer más difícil el manejo conductual del niño. En tercer lugar, los adultos pueden
usar el tiempo fuera para liberarse ellos del problema del niño (por ejemplo,
para evitar escuchar el llanto, lo envían a un rincón en el baño o en su
cuarto), aquí la técnica está totalmente desvirtuada y es lo que suele suceder
más comúnmente.
En cuanto a la duración
del tiempo fuera, popularmente se ha difundido la noción de mantener al niño
tantos minutos como años tengas, por ejemplo, si tiene 3 años, son tres
minutos, esto es relativo, pues si nos quedó claro que el objetivo es retirar
un reforzador más que hacer que el niño se sienta incómodo con esta técnica, lo
que debemos hacer es controlar la presencia del reforzador y buscar estrategias
alternativas para el control conductual del niño que se puedan usar de forma
paralela al tiempo fuera.
Entonces, debe
quedarnos claro que el tiempo fuera solo es un castigo adecuado cuando el
reforzador de la conducta inadecuada es retirado de la presencia del niño,
moviendo al niño o moviendo al reforzador y que la duración es relativa.
Además, esta estrategia, como todas las estrategias de manejo conductual, deben
manejarse en conjunto con otras técnicas para hacer una intervención efectiva,
de ahí que su aplicación siempre requerirá el acompañamiento de un profesional
con experiencia, por lo menos en los primeros pasos, luego los padres seguro
serán todos unos expertos.